domenica 24 maggio 2020

tr38: Isabella di Castilglia- Capitúlo 23.

B. Home  Serie Televisive Spagnole: ⇉  Cap. 37° ↔ Cap. 39°.
Sommario:

Isabel - Capítulo 23



Un navegante consigue audiencia con Isabel. Desea que Castilla financie un viaje que abriría una nueva ruta hacia las Indias. Es Cristóbal Colón. A la reina le atrae la idea, pero en plena guerra contra el infiel es complicado reunir los medios necesarios. Los reyes aprovechan la captura de Boabdil para lanzarlo contra el bando de su padre, ahora capitaneado por El Zagal. Aixa y su hijo, sin embargo, tienen sus propios planes: intentan ganar tiempo para reunir apoyos. En el futuro, habiéndose librado de sus rivales en Granada, pararán los pies a los cristianos.

2124795
Transcripción completa
Alhama es nuestra.
En siete días atacaremos Loja,
preparadlo todo para que llegue a buen fin.
Ni siquiera tengo el respaldo catalán.
Traicioné a los remensas a cambio de su apoyo.
¿Tan clara veis la derrota?
Solo quiero evitaros una humillación.
Es mi voluntad que restituyáis a la Corona
parte de vuestras propiedades, plazas y fortalezas.
Pretendéis expoliar a nuestra familia.
Su santidad os ha concedido la bula de Santa Cruzada
y ha aceptado todas vuestras condiciones.
El rey, Luis de Francia, ha muerto.
Castilla no puede prescindir de las tropas aragonesas,
pero decid a la regente que recuperaré los condados.
¿Es cierto que Juana y Francisco de Foix se casan?
Ciertamente, monseñor, para su felicidad y la nuestra.
Nuestra hija volverá a Castilla.
Mientras siga el compromiso de Juana el tratado queda roto.
Y el millón y medio de maravedíes que nos cuesta,
se empleará en artillería.
Madre, me habéis hecho tan dichosa librándome de esa condena.
¿He de creer que la muerte de Francisco de Foix
es una casualidad, justo antes de la boda de Juana?
El rey Juan ha matado a mi hijo Diego y ha encarcelado a mi familia.
Somos esclavos debido a los malos usos.
Si los mantenéis,
nos levantaremos en armas contra los señores.
Mi segunda decisión será permitir ese levantamiento.
Vuestro compromiso con Alfonso de Portugal se mantiene.
Atacaré a los cristianos,
que todos vean el poder del legítimo emir de Granada.
¿Pensáis entrar en batalla?
Todos me creen débil,
es hora de demostrar que no lo soy.
Las huestes de Boabdil han atacado Lucena.
Boabdil ahora es prisionero de Castilla,
y este alcázar vuelve a su legítimo dueño.
El emir de Granada nos ofrece la paz.
Gobernaréis sobre los vuestros, pero no en Granada.
Habréis de elegir entre perder la Alhambra
o vuestra cabeza.
Debéis acudir con mi hijo Ahmed sin tardanza,
pues a cambio de mi libertad he de ceder la suya.
¡Hermano!
¡Ayuda!
¿Qué ocurre?
Mi señor, será preciso desconvocar las Cortes.
¿Por qué motivo?
Aragoneses y valencianos han anunciado que no acudirán.
El rey espera que ahora confiéis en su palabra.
Difícil negarse.
El arzobispo Carrillo ha muerto.
Los cristianos han atacado Álora.
¡Por Castilla! (Todos): ¡Por Castilla!
Subtitulado por TVE.
(Pesadilla).
Yussuf.
¡Yussuf!
(Grita).
¡Yussuf, Yussuf!
Mi hijo..., algo le ha ocurrido.
Mi señor, calmaos.
Yussuf está en peligro.
Mi señor, algo debéis saber.
Han llegado tristes nuevas de Almería.
Almería ha caído en manos de Zagal.
No ha dudado en asesinar a mi hermano Yussuf;
su propia sangre.
Tales son su crueldad y ambición.
Sentimos gran pesar por vuestro dolor.
Debemos detenerlo, o no podré cumplir los acuerdos.
El Zagal es vuestro enemigo y el nuestro,
no os faltará nuestro socorro para conseguirlo.
Vamos a tomar su posesión más preciada:
Málaga.
El puerto más grande del reino y su feudo.
Eso sería un golpe definitivo.
Partid sin cuidado, vuestra causa es la nuestra.
Vos me dijisteis hace tiempo
que la prudencia es Dios en las batallas.
Alteza,
Málaga está muy bien preparada para su defensa.
No hay otra mejor dispuesta,
es la llave del reino de Granada.
¿Estamos en disposición para su asalto?
Si no tomamos antes el puerto,
se abastecerían en cualquier momento de tropas del norte de África.
Sobre todo si están prevenidos.
Confiad en mí.
Id y preparad lo necesario.
Tienen razón.
Cierto que la tienen.
¿Don Cristóbal Colón? -Sí.
El rey os recibirá ahora. -Bien.
Sabedores de la redondez de la Tierra,
no siendo unos necios,
¿qué nos impide llegar a las Indias por el oeste?
Las 3.000 millas de océano que nos separan de ellas,
según Toscanelli.
Ningún barco es capaz de recorrer esa distancia
sin reponer víveres.
Pero mis cálculos difieren de los suyos en 600 millas.
Echaos al mar, entonces.
Alteza,
vuestro padre ya creía en este proyecto,
cruzó cartas con el sabio.
Buenas razones tendría para no llevarlo a cabo.
Le faltaba el hombre apropiado,
¿no confiáis en mí?
No soy hombre de mucha fe,
y mis barcos se acercan a encontrar la ruta por el este.
Calculad las ventajas económicas de un viaje diez veces más corto.
Solo vos pensáis que es posible. -Vos visteis la carta de navegación,
la que me entregó el piloto que viajó más allá de las Azores;
recuerdo vuestro entusiasmo.
Pretendéis dejarme al margen.
Yo,
yo, alteza, solo yo puedo conseguirlo.
Echad a este lunático. -Sin mí nunca llegaréis.
Iré a Castilla, financiarán el viaje,
y os arrepentiréis.
Id sin tardanza, y dad recuerdos a sus altezas.
Os arrepentiréis.
¿Málaga?
Señor, si los cristianos ponen un pie en Málaga,
el otro lo pondrán en la Alhambra.
Alá no nos lo perdonaría.
Debemos hacerles frente todos unidos.
¿Sugerís que pacte con mi padre?
¿Creéis que ese hombre ciego y enfermo aún gobierna Granada?
Desengañaos, el Zagal es el amo de la Alhambra,
y con él no puede haber entendimiento.
Mi señor, los dos debéis ver que es necesario.
¡Es nuestro enemigo!
(Grita): ¿Quién mató a mi hijo?
¿Quién mató a los vuestros? No fueron los cristianos.
¿Cómo pensáis en pactar con él? -Porque debemos salvar el reino.
Granada solo se salvará
si acabamos con el Zagal y vos sois el emir.
Y si para ello debemos entendernos con los cristianos,
lo haremos.
Las haciendas de los nobles catalanes están siendo saqueadas,
los que se cruzan en el camino de los remensas,
son asesinados.
¿Solicitan mi ayuda esos caballeros?
Tal como habíais previsto.
Ahora que están acorralados se acuerdan de su rey.
Mi señor, la revuelta remensa debe controlarse ahora.
Debéis regresar a Aragón.
Y hay algo más.
Cada vez se producen más tumultos contra la Inquisición.
No pienso volver sobre mis pasos.
Los conversos temen ser perseguidos,
y los nobles les apoyan, piensan que va contra los fueros.
Les apoyan porque son ricos y tienen negocios juntos.
Cierto,
pero los conversos más influyentes se han unido en torno a Santángel,
vuestro escribano de Ración.
¿Qué buscan?
Garantías.
Exigen que paralicéis la reforma hasta que haga un acuerdo.
Mi esposo, vuestro rey, partirá hacia Málaga en pocas horas,
sabéis que la guerra santa es un deber que debe cumplir.
Pero no tardaré en volver,
y en Aragón algunos lamentarán verme tan pronto de regreso.
Vais a llevar dos mensajes:
uno para Verntallat y otro para Santángel.
(Lee): Mi corazón me abandona, ¿acaso volverá?
Enfermo está,
¿tan fuerte es mi dolor por el amado?
Se abre la puerta
¿Cuándo sanará?
¿Por qué calláis?
Pasos
¿Quién anda ahí?
Soy yo, hermano.
Alá y su misericordia me ha privado de vista
para no ver al asesino de mi hijo.
Yussuf era un traidor como su hermano Boabdil,
pero yo no le maté.
Por desgracia, las nuevas que traigo no van a consolaros.
Nuestros espías han sabido
que los cristianos se disponen a tomar Málaga.
Debéis impedirlo, solo vos podéis hacerlo.
He ordenado reforzar la defensa de la ciudad.
La guarnición de Ronda ya está en camino,
yo me sumaré a ellos con las mejores tropas del reino.
Si Málaga cae, el reino entero lo hará tras ella.
Confiad en mí, nada de eso pasará.
Tenéis suerte
de que alguien de vuestra sangre aún os sea leal.
Pensad en que sería de vos sin mí.
Dejadle, salid ahora mismo de aquí.
¡Salid!
Los malagueños hacen acopio de provisiones,
temo que el asedio se alargue.
¿Se dirige hacia allí la guarnición de Ronda?
Así es, señor.
Soldados de todo el reino infiel acuden a Málaga para defenderla,
será difícil vencerlos.
Bien.
Nuestro objetivo es Ronda, no Málaga.
Boabdil teme que Málaga caiga en nuestras manos,
sabía que haría correr el rumor.
¿Era esa vuestra intención?
Incitar a Zagal a concentrar su fuerzas allí.
Málaga es demasiado importante. Y deja Ronda a nuestra disposición.
¿No confiáis en nosotros?
Pondría mi vida en vuestras manos.
Pero quizás no seáis tan buen mentidor como soldado.
Solo la reina y yo estábamos al corriente,
no os hemos engañado a vos, sino al Zagal.
Cuando Ronda despierte desprotegida, cercaremos la ciudad.
Dad las órdenes, partiremos en cuanto sea posible.
Si es del agrado de su alteza, nosotros estamos de acuerdo.
Santángel, os esperaba, entrad.
Espero que vuestra visita al rey haya dado sus frutos.
Así es, hablé a su alteza del temor de los conversos
hacia la Inquisición, tal como vos deseabais.
¿Cuándo regresa nuestro señor?
Nos recibirá. -Lo hará en cuanto sea posible.
Pero me ha ordenado anticiparos su respuesta.
Aquí la tenéis.
Os presento a don Pedro de Arbués, el nuevo inquisidor de Aragón.
Mi hermano os tendió la mano, enfermó,
y le abandonasteis para correr al lado de los traidores.
¿En tan poco estimáis vuestra vida que os atrevéis a venir?
Mi señor, si me arriesgo a sufrir vuestra cólera
es porque el fin lo merece. -Apresuraos.
Dadme una razón para no hacerlo. -Os daré dos.
Vuestro hermano tenía razón,
si no luchamos unidos contra los cristianos,
nuestro reino se perderá.
Espero que la segunda os sea de más ayuda.
Los cristianos os han burlado.
Os han hecho concentrar las fuerzas en Málaga,
pero se dirigen a Ronda.
¿Cómo sé que no mentís?
Lo he visto con mis propios ojos:
un ejército numeroso y muchas máquinas de asedio.
Comprobadlo, cortarme la cabeza si lo deseáis,
pero no hay tiempo que perder.
¿Lo sabe Boabdil? -No,
se han burlado de él tanto como de vos.
Os aviso tan rápido como he podido.
Ronda está desguarnecida, yo solo no podré liberarla.
Si unimos nuestras huestes, como vos decís,
podemos evitar que caiga.
¿Estará dispuesto mi sobrino? -Escribidle, yo se lo llevaré.
Y os juro que pondré todo mi empeño en que acepte.
Enviaré emisarios a Málaga
para que el grueso de las fuerzas regrese a Ronda.
Yo mismo partiré hoy con los hombres que nos quedan aquí.
El ardid del rey Fernando se va a volver contra él.
Alteza,
¿os encontráis mal?
Voy a buscar al físico. Dejad, Catalina.
Solo es un mareo, es el cansancio.
¿Habéis sangrado este mes?
No.
Pero desde que nació la infanta María
no he sangrado con regularidad.
Debéis descansar, señora, eso es lo que necesitáis.
Pronto vuestro esposo terminará con el infiel
y podremos descansar todos.
El mensaje del rey no puede ser más claro:
la Inquisición actuará en Aragón y en Castilla,
y nada le hará cambiar de opinión.
Los nobles están con nosotros, y la mayoría de las gentes también.
Los nobles nos darán la espalda
en cuanto encuentren a otros con quienes hacer negocios,
ya pasó en Sevilla.
Entonces, habrá que acabar con el tirano.
Es de ley, Roma lo hizo con César.
¿Estáis loco, queréis que nos maten a todos?
(Suspira): Nada he oído.
Olvidad que he estado aquí,
y quiera Dios que todo acabe en palabras.
Nos han burlado, madre,
los cristianos no se dirigen a Málaga sino a Ronda.
Con tales aliados, ¿cómo recuperaré el trono?
Nos vemos obligados a dormir con una serpiente o un escorpión,
¿qué mordedura es menos venenosa?
Somos musulmanes, señora. -El infiel es nuestro enemigo.
Mi tío desea que nos unamos a él para salvar Ronda.
¿Y qué ocurrirá después?
¿Se retirarán vuestro padre y tío para que gobernéis?
Mi señor, juntos podemos salvar el reino.
Volved con el Zagal, y llevaos a los vuestros,
pero no comprometáis a mi hijo.
Que Alá os proteja.
Si acudís a Ronda, dad por muerto a vuestro hijo Ahmed.
Estad seguro,
el Zagal os matará antes que dejaros reinar en Granada.
¿No veis la oportunidad que nos brinda Alá?
Enviad un pequeño destacamento a Ronda,
pocos hombres y prescindibles,
escribid a vuestro tío, que piense que le ayudaremos.
Mientras, marcharemos a Granada con el resto de los nuestros;
caeremos sobre la Alhambra por sorpresa.
Así es, alteza, estáis preñada.
El Altísimo es misericordioso.
Os advertí de que no podía volver a suceder.
Siendo mujer casada, cómo evitarlo sin ofender a Dios.
Ya os dije cómo.
Tomad en serio mis palabras, vuestra vida peligra;
podéis morir en el parto. ¿Nada puede hacerse?
(Suspira): Ningún cuidado os faltará.
Con vuestra ayuda y la de Dios saldremos adelante.
Señora, Castilla puede perder a su reina.
Obrad en consecuencia.
Badoz, de este asunto no ha de enterarse el rey.
Mi señor, las huestes del Zagal vienen de camino.
Han descubierto el engaño.
¿Cuánto tiempo resistirá la plaza?
No es una fortaleza sólida, pero la artillería no da tregua.
Ya arden varios puntos de la ciudad.
¿Habéis dejado a Ronda sin agua? Sí, alteza;
tendrán que elegir entre beber o apagar los incendios,
pronto pedirán la rendición.
Hemos de tomar la plaza antes de que llegue el Zagal.
Las posiciones son seguras, podemos asediar y defendernos.
Estaremos en desventaja.
Arreciad el bombardeo, no deis respiro al enemigo.
Señor, nos han burlado, Boabdil se dirige a Granada.
El Albaicín se ha sublevado y le aclaman como emir.
Avisad a los hombres de que vuelvan a Granada,
hay que defender la Alhambra.
¡Vamos!
Que Alá nos perdone, Ronda será para los cristianos.
Mi señora,
a vuestros pies ponemos la victoria que Dios nos ha concedido en Ronda.
¡Por Castilla! -(Todos): ¡Por Castilla!
¡Por Castilla y nuestros reyes, Isabel y Fernando!
(Todos): ¡Viva!
Más de mil cautivos tenían esclavizados los infieles.
(Lloran).
Alzaos, vuestro martirio ha terminado.
Mucho os debe Castilla, y no vamos a abandonaros.
Que todo el mundo sepa de la gloria de este día.
Haced tañer las campanas,
que suenen en todos los rincones de Granada.
Dios nos llevará a la victoria.
Boabdil se ha hecho fuerte en el Albaicín,
y aduras penas hemos salvado la Alhambra.
Ronda ha caído en poder de los cristianos,
¡los aliados de vuestro hijo!
Estoy rodeado de enemigos.
(Grita): ¡Reaccionad!
Debéis abdicar y dejarme la regencia,
como prometisteis.
Hacedlo antes de que sea demasiado tarde.
Sé que el reino para salvarse necesita un líder fuerte,
¿pero cómo dejar a Nasser en manos de un asesino?
Señor, mi esposo debe descansar.
¿Qué pretendéis, señor?
Ya gobernáis en Granada, dejadle morir en paz.
Si no abdica antes de morir, Boabdil será el sucesor,
¿qué será de vuestros hijos?
¿Creéis que Aixa será clemente?
Nuestras salvaciones están unidas a la suerte del reino,
y Granada solo tendrá una oportunidad
si Nasser es emir y yo regente.
Tenéis razón,
solo vos podréis protegernos si Alá llama a mi esposo.
Dejadme que le convenza,
y dadme la palabra que no intentaréis nada solo.
¿Ahora confiáis en mí? -Tenemos un mismo interés:
que Boabdil no entre en Granada,
y que el reino sobreviva a la muerte de mi esposo.
¿Tengo vuestra palabra?
Tendréis que darme garantías.
Cuando convenzáis al emir.
Ahora, mi vida y la de mis hijos está en vuestras manos.
Se abre la puerta
Daba las gracias a Nuestro Señor por devolveros sano y salvo.
Apenas unas horas durará este reencuentro,
parto hacia Aragón lo antes posible.
Lo sé,
y estos meses de distancia serán años para mí.
El tiempo pasa rápido.
Vos partís para Segovia,
cuando os queráis dar cuenta, nos reuniremos allí.
No olvidéis que os amo.
Nunca.
Nunca lo olvidéis.
Y al recordar mis errores,
pensad que son fruto de la tiranía del amor por vos.
¿Qué os ocurre?
Vuelvo sano y salvo de la batalla, y así regresaré de Aragón.
No estéis triste, Isabel, es nuestro destino,
separarnos para atender los asuntos de nuestros reinos,
y volver siempre después el uno a los brazos del otro.
Siempre juntos.
Cada instante de cada día pensaré en vos.
¿Tan extraño os parece que el rey os pida dinero?
No es la primera vez, Santángel,
y me temo que no será la última.
Señor, no atendisteis nuestras súplicas
contra la Inquisición,
y ahora... -Por Dios, ¿qué podéis temer?
Ante la Inquisición,
todos los conversos somos sospechosos.
¿Ocultáis algo al Santo Tribunal?
Entonces, en nada os atañe.
Es el fin de la herejía lo que pretendemos.
¿No estáis de acuerdo?
Santángel, es tal mi confianza en vos,
que a cambio del préstamo os ofrezco protección real.
Además de abonar los intereses.
Se abre la puerta
Podríais olvidaros de la Inquisición.
"Muerte a la tiranía", otro libelo de los herejes.
¿Aún pensáis que no es necesaria la Inquisición?
¿Los habíais visto?
Están por toda Zaragoza.
Así es este reino,
gusta de amenazar a cara cubierta.
Dadme pronto vuestra respuesta.
Algo calla Santángel.
Siempre nos ha servido fielmente, y antes que él lo hizo su padre.
Acabemos con esto antes de que vaya a más.
No, dejemos que los conspiradores se descubran.
Tenemos a la nobleza en contra, ellos la pondrán de nuestro lado.
¿Habéis leído a Plutarco?
Me hizo pensar que la Tierra era redonda.
Los antiguos aún nos muestran caminos que desconocemos.
Y gracias a ellos vivimos tiempos gloriosos,
que nos empujan hacia el futuro.
¿No es una paradoja maravillosa? -Lo es.
Si me disculpáis.
Esperad,
¿vos creéis que la Tierra es redonda?
Ptolomeo me convenció hace tiempo.
Tomad.
Veo que en Castilla la sabiduría no es solo de hombres.
¿Comparte la reina vuestra erudición?
Y más versada está en artes que mi entendimiento no alcanza.
¿La conocéis bien? -La sirvo lo mejor que sé.
Otro tanto quisiera hacer yo, llevo mucho esperando ser recibido.
Debéis tener paciencia, son muchas sus ocupaciones.
¿He de persistir, entonces?
"Quien tiene la voluntad, tiene la fuerza".
Cicerón. -Menandro de Atenas.
Deberías hablar con fray Hernando en vez de conmigo.
Lo dudo, hablar con vos es lo mejor que me ha ocurrido.
Es mi señora la destinataria de esta esfera.
Sí.
Dejadme ver la manera de que reciba este presente.
Fray Diego de Deza será un buen tutor para el príncipe,
es suya la cátedra de Teología en Salamanca.
Fray Hernando también lo aprueba.
Sobre la casa del príncipe deseo
que sus finanzas estén en vuestras manos.
Así será, no debéis preocuparos.
¿Deberíamos lograr para su matrimonio
una alianza con Francia?
¿O aislarla mediante el casamiento de nuestros hijos?
Alteza, ¿a qué tanto apremio?
Aún son muy niños.
Me enseñasteis que hay que paliar para no tener que curar.
Pero precipitarse puede ser igual de dañoso.
Tenéis muchos años por delante. No me discutáis.
¿Qué sucede, Isabel?
Ayer me pedisteis revisar los acuerdos de la regencia,
hoy esto.
¿Teméis por la estancia del rey en Aragón?
Alteza, sabéis que sois como una hija para mí.
No es el rey. ¿Entonces?
Estoy preñada,
y podría suponer un grave peligro para mí.
Badoz cree que podría morir en el alumbramiento.
¿Cómo os ha dejado el rey a solas?
Nada sabe, y nada ha de saber.
Debéis prometérmelo.
No debe preocuparse por mis temores.
Pero si el peligro es grave... ¿Tengo vuestra palabra?
¿Qué os proponéis? -¿Pedís explicaciones?
¿Tenéis algo que ver con esto?
Sabed que el rey está al tanto.
Sois familiar mío y os aprecio, pero os puedo denunciar al rey.
Quedaos y uníos a nosotros, ¿compartís nuestros temores?
Yo ya hice lo que debía, aunque de poco sirvió.
Entonces, id con Dios.
Señor, Santángel ha enviado un mensaje.
Contad con el préstamo.
Fijad el encuentro sin demora.
¿Creéis que nobles y remensas pactarán?
O lo hacen, o se enfrentarán conmigo.
¿Por qué no me decís a quien esperamos?
Ahí llega.
¿Cuánto os ha reportado la traición, Verntallat?
Calmaos.
Le pedí que nada dijera para que aceptarais venir,
y di mi palabra de que podríais marchar.
Vuestro coraje y la falta de apoyo de la Corona
ha puesto a los nobles contra la pared.
Ya están donde ambos queríamos.
Es hora de dejar de luchar y negociar.
¿Y rendimos con la victoria al alcance de la mano?
Dadme una razón.
Porque no puedo permitir que una revuelta triunfe.
Si os avenís, garantizo que aboliré los malos usos.
No habrá piedad para quien os trate como esclavos.
Con la Corona de nuestro lado tendremos paz y ley.
Vilajoan, por fin paz para los nuestros.
Ya nos disteis vuestra palabra. Es el momento de cumplirla.
Rendirnos sería traicionar quien ha dejado todo por la causa.
Por ellos, precisamente hay que parar;
merecen volver a sus hogares orgullosos de lo conseguido.
¡Y vivos!
Pensadlo bien,
si no cejáis en vuestro empeño, enviaré a mis huestes
contra los que en cuyo nombrehabláis.
Sea.
Con vuestro permiso. Necio.
No os forjéis un enemigo al que no venceréis,
u os daréis por muerto; os doy mi palabra.
Señor, os lo suplico.
No insistáis más, no nombraré regente a Zagal.
Es nuestra única posibilidad. -¡No!
No estaréis siempre para protegernos.
Ahora siento el miedo que nunca antes sentí.
Y no es la muerte,
sino de saber que os dejaré desamparados.
¿Quién detendrá ahora a Zagal?
¿Quién evitará que os mate?
Podría haberlo hecho hace tiempo, señor,
y no ha sido así.
Permitid que os ayude a defender a vuestro heredero.
¿Por qué debería recibiros su alteza?
Porque la ruta a las Indias por el oeste
aportaría grandes riquezas a Castilla.
El oro no empuja a la reina
a acometer empresas o a correr aventuras.
Fray Hernando, no es aventura lo que propongo.
He viajado por el mar tenebroso durante años,
conozco sus corrientes y vientos,
y cuento con las cartas de navegación que mi suegro, Perestrello,
reunió en Portugal.
Demostráis gran fe en vuestro proyecto.
¡No es fe!
No es fe, sino seguridad y certeza.
Una seguridad cercana a la soberbia.
Llevo años entregado a este proyecto;
nadie sabe más que yo,
nadie ha leído más que yo:
D'Ailly, Mandeville, Ptolomeo.
Nadie ha visto ni oído lo que yo he visto.
¿Qué habéis visto y oído?
Permitidme que no os desvele todo.
¿Cómo os ayudaríamos a que seáis recibidos en audiencia?
Un piloto que se perdió en una tormenta
viajó mucho más de las Azores.
Dibujó una carta de navegación, que está en mi poder.
¿Acaso llegó a China?
No me pidáis que continúe hablando.
Mucho he sufrido por haberlo hecho demasiado.
Voy a procurar que la reina os reciba,
pero debéis tener paciencia.
Espero que le mostréis ese maravilloso documento.
Por supuesto.
Gracias.
A su alteza debéis hablarle de las almas, mas que de riqueza.
Señor, los remensas han tomado el castillo de Anglés.
¿Cómo es posible que unos campesinos tomen una fortaleza?
Nada les detendrá,
hasta que los nobles les planten cara en Barcelona.
¿Los nobles se han unido? Y se han hecho fuertes,
organizan un ejército en la ciudad.
Estaban arrinconados, suplicándome, y ya no me necesitan;
todo por culpa del mentecato de Sala.
Esta guerra solo la puede ganar el rey,
y ya ha durando bastante.
Aquí tenéis, la abdicación del emir.
¿Qué garantías me dais de que cuando muera mi esposo
y nadie os haga sombra en Granada,
no os desharéis de mí y de mis hijos?
Solo será necesaria una:
ese día os haré mi esposa.
Educaré y amaré a los hijos de mi hermano
como si fuesen míos.
Gobernaré hasta que sea mayor de edad y en su nombre uniré el reino
para entregárselo más próspero y poderoso que nunca.
Qué rápido pasa el tiempo.
Navegar sin tocar tierra es empresa nunca realizada.
Pero posible,
y sabemos dónde está esa tierra que nos espera,
y conocemos vientos y corrientes.
¿Detrás de vuestra ruta se encuentra el paríso terrenal?
Veo que habéis leído a Mandeville. Con mucha atención.
Tanta maravilla parece más leyenda que realidad.
Quizá.
Pero esa ruta rodeará el mundo y se abrirá la palabra de Dios.
Pensad que los infieles se verán cercados de este a oeste.
Algo beneficioso para la fe.
¿Será también provechoso para nuestras arcas?
Alteza, todo el comercio de oro, especias y azúcar
pasará por Castilla.
Vuestro reino crecerá en tierras y riqueza
como jamás gobernante alguno soñó.
Permita Dios que dejemos este legado a Castilla.
Mucho me ha complacido oíros, pronto sabréis de nosotros.
Podéis marchar.
Si me permitís, he de llevarme este documento.
Cree firmemente en lo que dice.
Conocí a un monje que imitaba libros y los vendía,
envejecía el papel impregnándolo con líquidos.
Olían igual que la carta de Colón.
Alteza, temo que es un embaucador.
Cultivado y con experiencia como navegante,
pero embaucador.
¿Y si, a pesar de todo, tuviera razón?
Cread una junta
en la que hombres versados estudien su proyecto.
Elegid a los más convenientes,
y averiguad sus gestiones en Portugal.
Vos sabréis hacerlo con la discreción necesaria.
Os lo advertí, podríais haber evitado la derrota.
Siento veros en este trance.
Rendiréis cuentas a Dios por la sangre derramada,
pero antes responderéis ante mí.
En nombre del rey,
se os declara culpable de un delito de traición.
Moriréis en el cadalso,
seréis descuartizado,
y vuestra cabeza se mostrará en una pica
para que sirva de escarmiento.
Cuando estéis frente al verdugo,
pensad en lo que vale la palabra de un rey.
He evitado la ruina de nobles
cuyas cabezas vería con gusto en una pica;
mucho más que la del tozudo este.
Lo importante es que la guerra ha terminado.
Ha terminado, pero la victoria aún no es mía.
Fray Hernando,
tengo una duda que vos podéis resolver.
Decid.
¿Es posible confesar un pecado que sabe uno va a cometer?
Si existe arrepentimiento y propósito de enmienda,
¿por qué obrar mal?
Porque aún no queriendo, es necesario.
¿Pensáis pecar deliberadamente?
Agrandará vuestra falta, y no veo arrepentimiento en ello,
luego no esperéis el perdón.
Ya que el remordimiento va a acompañarme,
esperaba aligerar mi conciencia antes de marchar.
Pero, ¿qué os proponés?
Di mi palabra a la reina,
y no lo voy a cumplir.
Mañana seremos libres,
por fin los herejes se deciden a acabar con el tirano.
Encontramos armas escondidas en la catedral.
Salid.
Alteza, no debéis ir a la misa por la victoria en Cataluña.
El rey de Aragón no puede esconderse.
No sabemos lo que planean. Protegedme, pero con discreción.
Señor, no podéis exponeros.
Al contrario, que vengan a por mí.
Que se muestren y todos vean quienes son los enemigos de Aragón.
Necesito hablar con vos.
Mi padre ha abdicado.
El Zagal, como regente, quiere verme.
Dice que juntos podemos salvar el reino.
Tiemblan al sabernos fuertes y asentados en el Albaicín.
Saben que ha llegado nuestra hora.
Quiero escuchar su propuesta.
¿Ahora que tenéis el trono al alcance de la mano?
Voy a ir, madre.
Mi tío tiene razón, juntos detendremos a los cristianos.
¿No veis que es una treta? No saldréis con vida.
La Alhambra caerá y vos seréis...
El emir de un reino condenado a desaparecer.
¿Mi destino es ser quien entregue Granada al infiel?
Escuchadme... -No, madre,
pactaré con el diablo si es preciso.
Iré y hablaré con el Zagal.
"Pater Noster qui es in caelis,
sanctificétur nomen tuum,
adveniat Regnum tuum,
fiat volúntas tua,
sicut in caelo et in terra"... -Perro del rey.
(Le asesinan bajo insultos).
El inquisidor Arbués, este era el tirano.
Ha sido en la Catedral, de madrugada, mientras rezaba maitines.
Doblemente cobardes son sus asesinos,
pues le hicieron lo que no se atrevieron con su rey.
(Agitado): Alteza.
Mi señor, toda la ciudad es un tumulto,
acusan a los conversos de asesinar al inquisidor,
a todos sin distinción.
Juradme que no estabais al corriente.
Os lo juro, mi señor, fui emisario de los descontentos,
pero nunca pensé que algo así...
Señor, debemos de actuar si queremos evitar un baño de sangre.
Buscad y ajusticiar a los asesinos.
Entre ellos hay un familiar vuestro,
¿acaso no es eso por lo que venís tan presto?
Os ruego compasión... Os prometí protección,
pero condenaré a los que tengan que ver.
Atended antes mi ofrecimiento, os lo suplico.
Moderad el castigo y solventemos nuestra deuda.
¿Pretendéis que olvide este crimen por un puñado de monedas?
No, no es mi vergüenza... ¡Flaco favor de los herejes!
Pues han mostrado lo necesario de la Inquisición.
El reino sabe la calaña
de quien se dicen cristianos y no son sino asesinos.
Vuestro familiar morirá,
y el dinero del que habláis se empleará en la guerra de Granada.
Sirva para limpiar vuestra parte de culpa.
(Vítores al rey).
Hace apenas unos días clamaban contra la Inquisición,
ahora la vitorean.
Tal y como vos queríais,
nadie piensa que se trata de un capricho vuestro.
Ni en una imposición de Castilla.
Alteza.
Chacón.
¿Qué hacéis aquí? ¿Ocurre algo?
Perdonadme, señor,
porque por vez primera voy a ser desleal a mi señora.
¿Vos, pero qué decís?
Ningún hombre ha de vivir
lo que yo pasé al morir mi esposa.
Y menos que nadie, mi rey.
Llaman a la puerta
Adelante.
¿Os disponíais a rezar?
Permitid que os acompañe.
Como deseéis,
aunque vos sabéis que estamos solos ante Dios.
Enfrentaros sola a los problemas parece ser vuestra naturaleza:
sola ante Dios y ante los hombres.
Perdonadme, pero soy vuestro confesor,
el cuidado de vuestra alma me compete.
Mi alma no está en peligro.
Pero debe fortalecerse ante el difícil trance que os espera.
Me tenéis por discreto,
no preguntéis cómo lo he sabido.
Pensaba que callando dominaría mis temores.
Pecado de soberbia, que Dios me perdone.
Ya os impondré una penitencia,
pero permitidme compartir vuestra carga.
Conseguiremos que afrontéis en paz la hora difícil que se avecina.
No estaréis sola, alteza, ni vos ni vuestra alma.
Nobles de Aragón, me disteis la espalda en Tarazona,
pese a todo, acudí en vuestro socorro.
Pensabais que me equivocaba implantando la Inquisición,
y os he demostrado que no era así.
Es mi voluntad resolver el conflicto remensa
por la autoridad que Dios me ha dado,
con o sin vuestro beneplácito.
(Insultos).
¡Callad!
Este hombre está bajo mi protección.
Francesc de Verntallat, sois libre,
no pesa sobre vos acusación alguna.
Conservaréis vuestra dignidad,
ya que solo por honor habéis caído en desgracia.
Mi madre os nombró capitán real y yo os despojé de los cargos.
Os devuelvo aquello que os arrebaté.
Os he reunido a unos y a otros
para daros la sentencia que finalizará vuestra disputa.
Yo, Fernando, rey de Aragón... Al asunto.
Después de escrutar, considerar y pensar la cuestión,
he decidido terminar con los malos usos en mi reino.
El compromiso.
Habiendo los campesinos de pagar 60 sueldos por más
como precio de redención,
bien de una vez o en fracciones anuales.
A cambio de esa suma,
los remensas podrán desatarse de vuestras tierras,
y nada podréis hacer contra ellos que no se atenga a derecho.
Esta es mi sentencia,
ay de aquél que se rebele a ella, noble o remensa,
porque se habrá rebelado contra la Corona.
¿Cómo va a ser redonda la Tierra?
Es tan plana como que dos y dos son cuatro.
Dice el genovés
que las naves desaparecen en el mar poco a poco por el horizonte.
Eso prueba que es redonda, según él.
Qué ocurrencia.
¿Y los que están aquí, no explica por qué no se caen?
¿O es que viven pegados al suelo y cabeza abajo?
Algún día se lo preguntaré.
Se abre la puerta
¿Venís sin anunciar vuestro regreso?
¿No deberíais estar en Aragón?
Ahora, más que nunca, solo puedo estar a vuestro lado.
¿Por qué no me dijisteis nada?
Porque os amo, es mi única disculpa.
Quería evitaros mi angustia. No volváis a hacerlo.
Vivo por vos,
amaros y protegeros es mi deber más sagrado.
Juntos, y con la ayuda de Dios,
saldremos con bien de este trance.
Se abre la puerta
Soy yo quien debería arrodillarse y pediros perdón.
Obedecí mi conciencia,
pero eso no me exime de haberos traicionado.
Siempre habéis sabido ver más lejos que yo,
aún debo aprender mucho de vos.
Sin el rey a mi lado no podría enfrentarme a todo.
Sois mi reina, y a veces es difícil anteponer el deber
al sentimiento que os profeso.
Y que siempre sea así.
Tengo muchos vasallos,
pero solo uno que es un padre para mí.
Os he llamado para comunicaros el dictamen de las juntas,
reunidas también en Córdoba y Salamanca.
Se ha demostrado que vuestros cálculos...,
son equivocados;
el diámetro de la Tierra es superior a lo que estimáis.
El...,
desafío a los miembros de esas juntas a demostrarlo.
No insistáis.
Ninguna nave llegaría a Cipango sin reponer provisiones.
Vos visteis la carta de navegación.
¿De verdad pensasteis que podríais engañarnos?
¿Por qué siendo la intuición certera os servís de documentos falsos?
En mi afán para conseguir respaldo,
pensé que mostrando un señuelo... -Absteneos, genovés,
con tales argucias pasaréis por un embaucador.
Decidme, ¿la reina lo sabe?
Mi proyecto se basa en conocimientos sólidos.
Lo sabemos, por eso os pedimos que no empleéis tretas de buhonero.
¿Y sin embargo?
Con nuestras naves el viaje no es posible.
Fray Hernando, me gustaría disculparme ante la reina.
Conociéndola, sé que no desea otra cosa.
Desde el origen, Dios se da a conocer.
Dios, creándolo todo y construyéndolo por su verbo.
A los hombres, testimonio... -Alteza.
¿Venís a disculparos?
Me avergüenza la ingenuidad de mi engaño,
pero para disculparme debería estar arrepentido.
¿Y no es así?
Mil veces dibujaría lo que muchos necesitan ver,
si con ello pudiese emprender mi viaje.
Eso no habla en vuestro favor. Hablará el resultado.
Tengo razón, alteza,
y saberlo es lo que me impide caer en el desánimo.
No ha sido en Portugal,
y Portugal hará lo posible para que no sea en Castilla,
pero un día, un rey confiará en mí, y llevaré su reino a la gloria.
No lo dudéis.
Igual que el sabio dijo
que el movimiento se demuestra andando,
yo demostraré mi proyecto llevándolo a cabo.
Me alegra ver que estaba en un error.
Pensé que Aixa os convencería
de que era una trampa para acabar con vos,
y no vendríais.
Así, me lo advirtió, ¿os extraña?
Yo no maté a vuestro hermano.
No sé si debo creeros,
pero estoy seguro de que no me mataríais,
cuando todo el reino mira este encuentro.
¿Estamos de acuerdo
en que el bien de Granada supera nuestras diferencias?
Hablad claro de una vez.
Decid cuál es vuestra propuesta,
pero sabed que jamás renunciaré a ser emir.
¿No puede tener Granada dos emires?
Ni vos ni yo cederemos sin antes aniquilar al otro.
Dividamos el reino pues,
y mantengámoslo fuerte y fiel al Islam.
Explicaos.
Vos reinaréis en la vasta frontera con Castilla,
pacta con los cristianos si os conviene.
Nosotros gobernaremos en Granada y en la costa,
fieles a nuestra independencia.
El tiempo dirá qué política es más conveniente.
Mi esposo se muere.
No, vos no. -Es mi padre.
Sois físico, quizás el mejor que conozco.
¿Nada puede hacerse?
Está en manos de Dios.
Aunque saliera bien, otro parto sería fatal.
Si toda vuestra ciencia no sirve,
¿qué haríais vos si fuera vuestra esposa?
Si lo fuera, rezaría,
y si Dios no la llamara a su lado,
me aseguraría que no se quedara más preñada.
(Agoniza): Enterradme en el lugar más cercano al cielo
y más alejado posible de los hombres.
Señor, no habléis de eso.
He luchado contra la muerte por no abandonaros
a vos y a mis hijos en estos días inciertos,
pero ha llegado la hora, y muero con esa pena.
Nada temáis,
pues nada nos ha de pasar.
¿Cómo he podido ser tan cruel con vos?
Os aparté de vuestro mundo y ahora os abandono.
Sin vos, no conocería el amor verdadero,
os debo mi felicidad.
Mi Zoraida,
nunca pensé que pudiera amar así.
Si hubiéramos vivido en otros tiempos...
Nunca había sido tan feliz.
Que Alá me perdone,
mi reino os hubiera entregado por una sola hora más con vos.
No...
No...
(Rezan en árabe).
(Rezan en árabe).
(Rezan en árabe).
Os presento a la infanta Catalina.
Gracias a Dios, todo ha ido bien.
No toméis por tristeza lo que solo es alegría.
Por fin os veo separados.
Abandono Granada,
ni vos ni Boabdil os sentiréis amenazados por mí.
¿Y vuestro hijo?
Mi esposo era mi mundo,
nada me retiene en estas tierras.
Regreso con mi familia.
(Suspira): ¿Recordáis a la esclava que os atendió en la Alhambra?
Su triste destino será el vuestro.
Nunca os verán como la que fuisteis,
ahora sois extranjera en todas partes.
Si me hubiese amado la mitad que a vos,
la historia de Granada hubiera sido otra.
(Iracundo): ¡Buscadlos!
¡Y no paréis hasta que ella y sus hijos
estén de vuelta en la Alhambra!
(Llora el bebé).
Catalina,
en honor de vuestra bisabuela Lancáster.
La última hija que tendremos.
No volveremos a poner vuestra vida en peligro.
Pero todo ha ido bien, mejor que nunca.
No tendremos más hijos, Isabel.
Ni el reino, ni vuestros hijos, ni yo,
podemos arriesgarnos a perderos.
Pero nos amamos.
¿Y no es esto la mayor prueba de ello?
Sin vos nada tendría sentido.
Os amo tanto.
¿Está la reina en su gabinete? -Ahí acabo de dejarla.
¿Sola? -Así es, ¿ocurre algo?
Venid conmigo.
Pasad.
¿Qué sucede, fray Hernando?
Mi señora, disculpad mi atrevimiento,
pero Castilla puede perder una gran oportunidad.
Explicaos. El genovés prepara su partida.
Temo que se dirija a una Corte extranjera.
Llaman a la puerta
He sabido que os disponíais a partir.
Sí, debo hacerlo.
No tengo intención de rendirme. Lo sé.
También se que hombres como vos acaban cumpliendo sus sueños.
¿Creéis en mí?
Creo en vos, y en vuestro proyecto.
De mí también dudaron y tampoco me doblegaron.
¿Entonces?
Aún debo vencer en la guerra contra Granada.
Pero sin confiáis en mí, como yo confío en vos,
juntos haremos que vuestro sueño algún día se haga realidad.
Ha llegado el momento de atacar Málaga.
Es su plaza más preciada;
la defenderá con uñas y dientes.
No podemos perder Málaga, tenemos que asegurar su defensa.
Concentrar las tropas, ¡no puede caer en manos de Boabdil!
¡Disparan desde las murallas!
¿Teméis el reencuentro con los vuestros?
Sobre todo a mi padre.
Habéis traído las pruebas de vuestra deshonra.
Nasser es una amenaza para mi hijo, pero también os perjudica a vos.
¡Llevad a los traidores a las catapultas,
que sean lanzados al campamento enemigo!
¿Qué queréis a cambio?
Tomada Málaga, pondréis al mando de Boabdil
tropas suficientes para tomar la Alhambra.
Atacaremos al amanecer.
Rezad para que se alargue el asedio de Málaga,
que el Zagal y los infieles sufran la guerra
mientras aunamos voluntades.
Iréis al campamento cristiano en mi nombre,
entregaréis un mensaje a los reyes.
(Gritos de mujer).
¿Qué puede hacerse por los judíos de Málaga?
Por su presente, muy poco.
Solo deseo que no os arrepintáis de haberme negado vuestra ayuda.
¡Ofrecimos el mejor pacto
y nos responden con la peor de las traiciones;
que asuman las consecuencias!
El oro de Granada ya no enriquece a los cristianos,
no pagaremos más tributos a Castilla.
Que se preparen a morir por Alá.
Él sabrá compensar nuestro sacrificio.
Os pido que las peyas superen las murallas,
que caiga una lluvia de fuego sobre la ciudad.
Nada será igual a partir de hoy, soy el legítimo emir de Granada.
Subtitulación realizada por Cristina Rivero Moreno.
__________________________________________
NOTIZIE STORICHE.
__________________________________________
PERSONAGGI.
__________________________________________
TERMINOLOGIA STORICA.
__________________________________________
LUOGHI E ATLANTE STORICO.

Bottom. Top.↑

Nessun commento: