lunedì 19 marzo 2018

§ 0. Advertencia Preliminar alla edizione 1920 della Gramática de la Lengua Castelana della Real Academia

ADVERTENCIA PRELIMINAR
  Home. HS. → § 01. § 1.
Testo online.
La ley de 9 de septiembre de 1857, en su artículo 88 declara que la Gramática de la Academia Española es texto obligatorio y único, en las escuelas de enseñanza pública. Para cumplirlas graves obligaciones que esta soberana disposición impone, ha hecho la Academia en varias épocas y en anteriores ediciones de su Gramática algunas reformas, acerca de las cuales creyó que no debía llamar la atención del público, porque las consideraba, y eran en realidad, reformas de detalle más bien que de conjunto.

Pero los positivos adelantos que en estos últimos tiempos ha realizado la ciencia del lenguaje, despertando entre las gentes cultas plausible y notoria afición a los estudios gramaticales, pusieron de manifiesto la conveniencia de apresurar el planteamiento de la reforma que tenía proyectada la Academia, y la necesidad que se imponía de hacerla tan extensa y tan completa como fuera preciso, si había de responder a las necesidades y al progreso de los tiempos.

Pero aun obedeciendo a razonables y justas exigencias, no podía ni debía realizarse de una vez y por completo la reforma que proyectaba la Academia. Consideraciones de orden doctrinal y pedagógico aconsejaban que se hiciera por partes y en ediciones sucesivas; y por eso, aceptando el plan que las circunstancias del momento aconsejaban, se ha conservado desde luego la división tradicional de la Gramática en las cuatro partes llamadas Analogía, Sintaxis, Prosodia y Ortografía, con lo cual se facilita el planteamiento de la reforma, puesto que no se altera en lo más mínimo el plan general de exposición de la doctrina. Lo que sí ha variado fundamentalmente, radicalmente podríamos decir, es, no el concepto del contenido de la Sintaxis, pero sí el método y plan de exposición de la doctrina sintáctica, y hasta la forma misma de esa exposición, que en la edición presente es más lógica, más razonada que en las anteriores; y además la doctrina gramatical se presenta confirmada por mayor número de autoridades de los más eminentes escritores españoles de todas las épocas.

Las innovaciones proyectadas para la Ortografía y la Prosodia no podían alcanzar a esta edición, ni eran tampoco de inmediata urgencia, y por eso en ella se conserva intacto el texto con que estas dos partes de la Gramática aparecieron en ediciones anteriores.

En la Analogía se han hecho algunas importantes reformas, nada más que algunas, las absolutamente necesarias para aclarar ciertos puntos doctrinales y para poner en armonía el contenido de esta parte de la Gramática con la reforma introducida en la Sintaxis, reforma que se imponía y que no podía aplazarse por más tiempo.

En esta nueva edición se añade un capítulo, que trata de la formación de palabras por derivación y composición.

§ 2. Letra. - Parte primera. Analogía. Capítulo I. De la analogía en general.

B. E. HS. Home. | § 1. ↔︎ § 3. ↓ § 2.
testo online.
Parte primera: Analogia,
Cap. I. De la analogia en general.

§§: 1: Analogía. - 2: Letra. - 3: El alfabeto castellano. - 4: Sílaba. - 5: Palabra. - 6: Oración. - 7: partes de la oración. - 8: partes variables e invariables. - 9: género y número. - 10. Género. - 11. Número. – Esercizi: -

§ 2. Letra. - | Bottom. Top. Esercizi. | Para representar por escrito los sonidos de que se componen las palabras, inventáronse los signos llmados letras; el catálogo ordenado de éstas se denomina abecedario o alfabeto. Por extensión, se da también el nombre de letra a la misma articulación o sonido.

ESERCIZI E LETTERATURA
a.

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -


Bottom. ↑ Top.

§ 1. Analogía - Parte primera. Analogía. Capítulo I. De la analogía en general.

B. E. HS. Home. | § 01. ↔︎ § 2. ↓ § 1.
testo online.
Parte primera: Analogia,
Cap. I. De la analogia en general.

§§: 1: Analogía. - 2: Letra. - 3: El alfabeto castellano. - 4: Sílaba. - 5: Palabra. - 6: Oración. - 7: partes de la oración. - 8: partes variables e invariables. - 9: género y número. - 10. Género. - 11. Número. – Esercizi: -

§ 1. Analogía. - | Bottom. Top. Esercizi. Home. | La Analogía es la parte de la Gramática que enseña el valor de las palabras consideradas aisladamente, con todos sus accidentes.

ESERCIZI E LETTERATURA
a.

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Coniugazione di ser: - sido (participio), siendo (gerundio); Indicativo presente: Yo soy, tú eres, él es, nosotros somos, vosotros sois, ellos son - con esempi letterari tratti da Cervantes, Unamuno. | B. T. E. H. | Tabella di coniugazione della RAE.

M. Cervantes (1547-1616)
1a. ¡Andá caballero, que mal andes¡ Por el Dio que criome, que que si no dejas coche, tan te mato como tú estás ahí y yo soy vizcaíno. (Cervantes, Don Quijote, vers. el. moderna, 58)
1b. Estaba yo un día en el alcaná de Toledo, y llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como yo soy aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado de esta mi natural inclinación tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía y lo vi con caracteresque conocí eran arábigos. (DC 61)
1c. Y si queréis saber quién os manda esto, para quedar más formalmente obligado a cumplirlo, sabed que yo soy el valeroso don Quijote de la Mancha, el desfacedor de agravios y sinrazones, y quedad con Dios, y no se os aparte de las mientes lo prometido y jurado, so pena de la pena pronunciada. (DC 41)
1ch. Yo soy aquel para quien están guardados lospeligros, las grandes hazañas, los valerosos fechos. (DC 115)
Testo e audio online.
1d. Yo soy aquella labradora humilde a quien tú, por tu bondad o por tu gusto, quisiste levantar a la alteza de poder llamarse tuya; soy la que, encerrada en los límites de la honestidad, vivió vida contenta hasta que abrió las puertas de su recato a las voces de tus importunidades y, al parecer, justos y amorosos sentimientos, y te entregó las llaves de su libertad, dádiva tan mal agradecida por ti, como lo muestra bien claro el haber tenido que hallarme en el lugar donde me hallas y verte yo a ti de la manera que te veo. (DC 233)
1e. – Señor, yo soy hombre pacífico, manso, sosegado, y sé pasar por alto cualquier injuria, porque tengo mujer e hijos que sustentar y criar. (DC 90)
1f. Y quiero que sepa vuestra reverencia que yo soy un caballero de la Mancha llamado don Quijote, y es mi oficio y ejercicio andar por el mundo enderezando tuertos y desfaciendo agravios.
1g. Yo soy, repito, quien ha de resucitar a los de la Tabla
Redonda, a los Doce de Francia y a los Nueve de la Fama, y el que ha de poner en olvido a los Platires, los Tablantes, Olivantes y Tirantes, los Febos y Belianises, y a toda la caterva de los famosos caballeros andantes del tiempo pasado, haciendo en este en que me hallo tales grandezas, extrañezas y fechos de armas, que oscurezcan los más preclaros que ellos ficieron. (DC 115)


2a. Tú eres su cielo en la tierra, el blanco de sus deseos, el cumplimento de sus gustos y la medida por donde mide su voluntad, ajustándola en todo con la tuya y con la del cielo. (D.C., 213)
2b. –Así que tú eres, señora, la hermosa Dorotea, la hija única del rico Clenardo. (DC 181)
2c. Tú solicitaste mi descuido, tú rogaste a mi entereza, tú no ignoraste mi calidad, tú sabes bien de la manera que me entregué a toda tu voluntad: no te queda otra ni puedes llamarte a engaño; y si esto es así, como lo es, y tú eres tan cristiano como caballero, ¿por qué das tantos rodeos para hacerme venturosa en los fines, como m ehiciste en los principios? Y si no me quieres por la que soy, que soy tu verdadera y legítima esposa, quiéreme al menos y admíteme por tu esclava; que en cuanto yo esté en tu poder, me tendré por dichosa y bien afortunada. (DC 233)

Cliccare per ingrandire. Fonte: DLE.
3a. No tengáis pena, Sancho amigo – dijo el barbero –, que aquí rogaremos a vu estro amo, y se loa consejaremos y aun se lo pondremos como caso de conciencia, que sea emperador y no arzobispo,porque le será más fácil, a causa de que él es más valiente que estudiante. (DC, 162)
3b. – Por supuesto que las sufre, ya lo creo – respondió la princesa –, y también sé que no será menest ermandárselo al señor mi escudero, que él es tan cortés y tan cortesano, que no consentirá que una persona eclesiástica vaya a pie, pudiendo ir a caballo. (DC 186)
 
4a. – Verdaderamente, si bien se considera, señores míos, grandes e inauditas cosas ven los que profesa en la orden de la andante caballería. Si no, ¿quién de los que viven hoy sobre la tierra, si entrara ahora porla puerta de este castillo y nos viera de la suerte que estamos, juzgaría y creería que nosotros somos quienes somos? (DC, 241)
4b. –Verdaderamente, si  bien se considera, señores míos, grandes e inauditas cosas ven los que profesan la orden de la andante caballería. Si no, ¿quién de los que viven hoy sobre la tierra, si entrara ahora por la puerta de este castillo y nos viera de la suerte que estamos, juzgaría y creería que nosotros somos quienes somos? (DC 241)

5a. «Vosotros sois unos simples idiotas, y hombres sin letras , como vos mismo confesáis;pues cómo podéis hablar seguramente de las virtudes y de los vicios?». (Unamuno, Vita di DC e Sancio, 598)
5b. ¿Por qué había de conocer Don Quijote, siendo como era caballero, los sones? «Y más que podría ser, como es verdad – añadió –, que no los he visto en mi vida, como vos los habréis visto, como villano ruin que sois, criado y nacido entre ellos; si no, haced vos que estos seis mazos se vuelvan en seis jayanes, y echádmelos a las barbas uno a uno, o todos juntos, ycuando yo no diere con todos patas arriba, haced de mi la burla que quisiéredes». (Unamuno, Vita di DC, 330).

Miguel de Unamuno (1864-1936)
6a. – En verdad, señor cura, que yo ya me había dado perfecta cuenta de que estos que llaman libros de caballerías son perjudiciales en la república; y aunque, llevado de un ocioso y falso gusto, he leído el principio de la mayoría de los que hay impresos, jamás he sido capaz de leer ninguno de principio a fin,porque me parece que, el que más y el que menos, todos ellos son una misma cosa, y no tiene más este que aquel, ni es te otro que el de más allá. (DC 298)
6b. –Bien se ve que no estás cursado en esto de las aventuras. Ellos son gigantes. Y si tienes miedo, quítate de ahí y empieza a rezar, mientras yo entro con ellos en fiera y desigual batalla. (DC 55)

b.

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Coniugazione di ser: sido (participio); siendo (gerundio); Indicativo imperfetto: yo era, tú eras, él era, nosotros éramos, vosotros erais, ellos eran, con esempi letterari tratti da Cervantes, e altri.

1. – Con facilidad será vuestra merced satisfecho; y así, sabrá vuestra merced que, aunque antes di jeque yo era licenciado, no soy sino bachiller, y me llamo Alonso López; soy natural de Alcobendas, y vengo de la  ciudad de Baeza con otros once sacerdotes, que son los que huyeron con las antorchas; vamos a la ciudad de Segovia acompañando un cuerpo muerto que va en aquella litera, que es de un caballero que murió en Baeza, donde fue depositado; y ahora, como digo, llevábamos sus huesos a su sepultura, que está en Segovia, de donde es natural. (DC 112)
2. Jesús, pasaste en la tierra 33 años llenos de juventud. Tu cuerpo, Jesús, Hijo del hombre, ocultaba tu divinidad. Nadie descubrió que tu eras el amado, el Hijo de Dios Padre. Sólo al final de tu vida dijiste que eras el Hijo de Dios. (Google)
3. Y decía mucho y bien del gigante Morgante, porque, con ser de aquella generación gigantea, en la que todos son soberbios e insolentes, sólo él era afable y educado. (DC 30)
4. Porque, como tengo dicho, era un muy gentil y agraciado mancebo, y en sus corteses y concertadas  palabras mostraba ser bien nacido y persona muy cortesana; que, aunque los que lo escuchábamos éramos rústicos, su gentileza era tanta que bastaba a darse a conocer a la misma rusticidad. Y estando en lo mejor de su plática, paró y enmudeció: clavó los ojos en el suelo por un buen espacio, en el cual todos estuvimos quedos y suspensos, esperandoen qué había de parar aquel embelesamiento, con no poca lástima de verlo, porque por lo que hacía deabrir los ojos, estar fijo mirando al suelo sin mover pestaña gran rato, y otras veces cerrarlos, apretando los labios y enarcando las cejas, notamos fácilmente que le había sobrevenido algún ataque de locura. (DC 142)
5. – No todas las cosas  - dijo don Quijote - suceden como se piensan. El daño estuvo, señor bachiller Alonso López, en venir como veníais: de noche, vestidos con esos sobrepellices, con las antorchas encendidas, rezando, cubiertos de luto, que propiamente semejabais cosa mala y del otro mundo. Y así, yo no pude dejar de cumplir con mi obligación acometiéndoos, y os habría acometido aunque hubiese sabido verdaderamente que erais los mismos satanases del infierno, que por tales os juzgué y tuve en todo momento. (DC 112)
6. Arrojaron los bordones, se quitaron las mucetas o esclavinas y se quedaron en mangas de camisa, y todos ellos eran mozos y muy gentileshombres, excepto Ricote, que ya era hombre entrado en años. (DC 576)
c.

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Coniugazione di ser: Indicativo passato remoto:  -

1. «Un necio e impertinente deseo me quitó la vida. Si las nuevas de mi muerte llegasen a los oídos de Camila, sepa que yo la perdono, porque no estaba ella obligada a hacer milagros, ni yo tenía necesidad de querer que ella los hiciese; y pues yo fui el fabricador de mi deshonra, no hay por qué...». (DC 230)
2. De que me parece que fuiste y viniste por los aires, pues has tardado en ir y venir desde aquí al Toboso poco más de tres días, habiendo de aquí allá más de treinta leguas. (DC 195)
3. Se puso colorada Dorotea con las palabras de Sancho, porque era verdad que su esposo don Fernando, alguna vez, a hurto de otros ojos había cogido con los labios parte del premio que merecían sus deseos, cosa que había visto Sancho, y le había parecido que aquella desenvoltura era más de cortesana que de reina de tan gran reino, y no pudo ni quiso responder palabra a Sancho, sino que lo dejó proseguir en su plática, y él fue diciendo:
– Lo digo, señor, porque si después de haber andado veredas y caminos reales, y pasado malas noches y peores días, va a venir a coger el fruto de nuestros trabajos el que se está holgando en esta venta, no tengo por qué darme prisa en ensillar a Rocinante, albardar el jumento ni aderezar el palafrén, pues será mejor que nos estemos quedos, y cada puta hile, y comamos. (DC 292)
4. Habríamos navegado al menos unas treinta millas, cuando nos sorprendió el amanecer como a tres tiros de arcabuz desviados de tierra, toda ella desierta y sin nadie que nos descubriese; pero, pese a todo, nos fuimos a fuerza de brazos entrando un poco en lamar, que ya estaba algo más sosegada; y habiendo entrado casi dos leguas, se dio orden que se bogasepor turnos mientras comíamos algo, que iba bien provista la barca, aunque los que bogaban dijeron que aquel no era tiempo para tomar ningún reposo: que les diesen de comer a los que no bogaban, que ellos no querían soltar los remos de las manos de ninguna manera. (DC 263)
5.
6.
ch.ch

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

1.
2.
3.
4.
5.
6.
d.d

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
e.e

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
f.f

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
g.g

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
h.h

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
i.i

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
j.j

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
k.k

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
l.l

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
ll.ll

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
m.m

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
n.n

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
ñ.ñ

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
o.o

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
p.p

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
q.q

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
r.r

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
s.s

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
t.t

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
u.u

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
v.v

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
x.x

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
y.y

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
z.z

a - b - c - ch - d - e - f - g - h - i - j - k - l - ll - m - n - ñ - o - p - q - r - s - t - u - v - x - y - z - → Esercizi con tastiera -

x
Bottom. ↑ Top.

Corso di Grammatica Spagnola, tratto dalla Real Academia, anno 1920, ed altri testi: Homepage.

B. Hauptseite. | → § 0 - 01 - 1.
Greco  -  Latino -  Tedesco -  Sanscrito.
Inglese   - Francese  -  Arabo - Ebraico.
Portoghese - Polacco - Russo - Italiano.
Si tratta di un nostro corso personalizzato autodidattico della lingua spagnola con annessi esercizi di vario genere. Si attinge a nostri testi privati sui quali abbiamo già studiato la lingua spagnola, ed altri testi di pubblico dominio disponibili in rete, e dei quali forniamo sempre il collegamento. Come punto di avvio abbiamo preso un’edizione della “Gramatica della lengua castellana”, edita nel 1920, dalla Real Academia, da noi qui rieditata.

Testo online.
GRAMÁTICA DE LA LENGUA CASTELLANA por la Real Academia Española. Nueva edición, reformada. Madrid 1920.

Sommario: § 0. Advertencia Preliminar. - § 01. Introducción. - PARTE PRIMERA. Analogía. Capítulo I: De la analogía en general.  §§ 1. Analogía. - 2. Letra. - 3. El alfabeto castellano. - 4. Silaba. - 5. Palabra. - 6. Oración. - 7. Partes de la oración. - 8. Partes variables e invariables. - 9. Género y número. - 10. Género. - 11. Número. – Capítulo II: Del nombre substantivo. §§ 12. Nombres substantivo. – Género de los nombres: §§: 12: Nombre substantivo. - 13: son seis. - 14. Reglas del género de los nombres, por su significación. - 15. Reglas del género de los nombres, por su terminaciones. - 16: Terminados en a. - 17: Terminados en e. - 18: Terminados en i. - 19: Terminados en o. - 20: Terminados en u. - 21: Terminados en d. - 22: terminados en j. - 23. Terminados en l.  24: Terminados en n. 25. Terminados en r. - 26. Terminados en s. 27. Terminados en t. - 28. Terminados en x. - 29. Terminados en z. - Número de los nombres: 30. El numero. - 31. Singular y plural. - 32. No tienen plural. -  33. Plurales.  - 34. Nombres que no tienen número singular. – De las varias especies de nombres: 35: primitivos etc. - 36. Primitivos y derivados. - 37. Patronímicos. - 38. Simples, compuestos y parasintéticos. - 39. Concretos y abstractos. - 40. Colectivos. - 41. Partitivos. - 42. Múltiplos. - 43. Verbales. - 44. Aumentativos y diminutivos. - 45. Aumentativos. - 46. Terminaciones. - 47. Ni toda palabra es capaz de aumento. - 48. Misma terminación. - 49. Aumentativos de aumentativos. - 50. Formación de los aumentativos. - 51. Quadro de los sufijos. – Reglas para la formación de los diminutivos:  52. Ececito. - 53. Ecito. - 54. Cito. - 55. Ito. - 56. In, ino, iño. - 57. Ajo, ejo, ijo. - 58. Nombres despectivos o menospreciativos. –

ESERCIZI: Coniugazione di Verbi, con Tabella di coniugazione della RAE (.../...):
- ser / ser -










Bottom. ↑ Top.

domenica 4 marzo 2018

Teologi online: Francisco de Vitoria: Relecciones Teológicas: Tomo I:

B. Home. ↔︎ §2.
Testo online.
FRANCISCO DE VITORIA
Relecciones Teológicas.
vertidas al castellano e ilustradas
por D. Jaime Torrubiano Ripoll.


Madrid, 1917.


TOMUS PRIMUS
italiani - inglesi - tedeschi - spagnoli
Internet Archive: Francisco de Vitoria.







§ 1.

Prólogo.

DEL Maestro Fray Francisco de Vitoria (1480?-1546), y de su mucha erudición, letras y virtudes, hablan con extensión los historiadores; pero quizá ninguno describe tan minuciosamente su carácter como el P. Fernández, en su inédita Historia del convento de San Esteban de Salamanca, donde, entre otras cosas, dice de aquél lo siguiente: «Tenía muy buen parecer en guerra, en paz, en policía y en razones de Estado. Fué muy observante y muy religioso, dotado de notables y heroicas virtudes, porque era grande su humildad, su mansedumbre , su apacibilidad de condición, y el consejo y serenidad de su conciencia. Con estas prendas tan preciosas y ricas, vino a tener superioridad a todo el mundo. Ninguno le envidiaba ni quería mal, porque con ninguno tenía competencia; y aunque era docto, tan superior y aventajado en erudición, nunca se pudo acabar con él que imprimiese ni sacase a luz cosa alguna de sus preciosos trabajos; y aunque se han estampado algunas cosas suyas, no fué porque el Maestro las imprimiese, sino por la diligencia de algunos discípulos suyos curiosos, a los cuales pareció no era justo que doctrina tan importante quedase del todo sepultada.


PRÓLOGO


Toda su ciencia tuvo principio en la humildad; por
lo (jueha sido orden del cielo que todo cuanto des-
pués se iia nn presado en materias escolásticas de
Teoio^ia, se diqa que es obra de sus manos. iVo
sólo estos reinos, sino los extraños, publican y con-
fiesan (¡lie las buenas letras y disciplina escolástica
de que hoy poza. España, se debe cd Maestro Fray
Francisco de Vitoria.

De la vida y obras del insigne teólogo, ha trata-
do doctamente el P. F'r. Luis G. Alonso Getino (1),
y un excelente resumen de las investigaciones bio-
bibliográficas sobre el asunto, puede verse en las
páginas (a continuación insertas), que preceden a
la fidelísima y elegante versión de las Relectiones
Theologicae, hecha por D. Jaime Torrubiano Ripoll
para dar principio a la muy útil «Biblioteca de vul-
garización de ia ciencia española» que ahora co-
mienza a publicarse, y cuyo patriótico fin, como en
el prospecto se indica, consiste en popularizar «los
tesoros opulentos de soberana doctrina que encie-
rran las obras de los sabios españoles del siglo de
oro, cuyas enseñanzas gozan de la regalada frescu-
ra de perpetua oportunidad»,.

Cinco obras notables, debidas a pensadores espa-
ñoles que directa o indirectamente siguieron la ins-
piración vivista (2), marcan época en la historia de
la Teología durante el Renacimiento: las Relectio-
nes Theologicae de Vitoria, Lyón, 1557; el \ihxo De
restituta Tlieologia de Fray Luis de Carvajal, Colo-
nia, 1545; el tratado De rede formando Theologiae
studio del erasmista Fray Lorenzo de Villavicencio,


(1) I:I Maestro Fr. Francisco de Vitoria y el Renaci-
miento fitosófico-teolópico del siglo XVI. Madrid, 1914.

v2) Vid. Á. Bonilla: Luis Vives y la Filosofía del Rena-
cimiento-, Madrid, 1903, pág326.


PRÓLOGO


Amberes, 1565; el De locis theologícis de Melchor
Cano, Salamanca, 1563; y Hypotyposeon Theo-
¡ogicamm sive regulanim ad intelLigendas scríptu-'
ras divinas libri X de Martín Martínez Canta lapie-
dra. Salamanca, 1565. Procúrase en todos ellos vol-
ver la Teología a los buenos tiempos de los Dioni-
sios, íreneos, Ciprianos, Basilios, Crisósíornos, Je-
rónimos y Agustinos; purificar su estilo; ilustrar su
método, y apartarla del aspecto bárbaro y conten-
cioso que había llegado a tomar. Porque la obra de
Vives y de los demás renacientes que abogaron por
la simplificación de los estudios teológicos, más
que novedad fundamental y de doctrina, represen-
taba un criterio de rectificación en el método. Qui-
zá hubo exageración en este movimiento, perdién-
dose en precisión y en agudeza lo que se ganaba
en serenidad y en sentimentalismo teológico; pero
estaba perfectamente justificada la reacción contra
el procedimiento disputativo, donde la vanidad per-
sonal, el deseo de gloria y el amor propio, hacían
olvidar con frecuencia la gravedad del asunto y la
santidad de la disciplina.

No cabe duda de que la formación intelectual de
Vitoria debió mucho, como la de Vives, al ambien-
te extránjero. Según los biógrafos de aquél, perma-
neció en Francia unos diez y ocho años, siendo
discípulo en París de Juan Fenario y de Pedro Cro-
ckart, y no volviendo a España hasta 1522. Duran-
te esa época conoció a Erasmo y a Juan Luis Vi-
ves, el filósofo del Renacimiento; y no es infunda-
do sospechar que uno y otro influyeron en Vitoria^
aunque éste discrepase de Erasmo en algunos pun-
tos, como lo demuestra el parecer que dió en Va-
lladolid, en 6 de Julio de 1527, donde, sin embar-
go, acaba manifestando que sus reparos sobre la
doctrina erasmiana serían aceptados de buen grado



PRÓLOGO


por el propio humanista de Rotterdam (et haec puto
me dixísse ipso Erasmo non invito).

Luis Vives, en carta a Erasmo, menciona a Vito-
ria como defensor de este último, añadiendo que
era el teólogo español varón de grandes esperanzas
entre los suyos, y de ingenio tan agudo como pa-
cífico y conciliador (sed ingenio est, ut acutissirno,
sic etiam quieto, remisso quoque non nihil).

Que esta remisión a que alude Vives no implica-
ba debilidad ni cobardía, pónenlo de manifiesto sus
propias opiniones, atrevidas y audaces mucha-s de
ellas, como es de ver en las ReLectiones Theologicae.
Cierto que esta obra no se publicó hasta después de
la muerte de Vitoria; pero no han de olvidarse las
controversias que suscitó su doctrina sobre el dere-
cho divino de los obispos, las desviaciones respec-
to de las ideas de Santo Tomás, observadas por al-
gunos teólogos, y especialmente el significativo
dato de que las Relectiones fueron incluidas en el
Indice mandado formar por Sixto V, a causa (según
carta del conde de Olivares a Francisco Idiaquez,
fechada eii 1590) de <^la opinión que tiene que se
puedan resistir las cosas malas que los Papas hi-
cieren».


*

La influencia de Viioria se debió principalmente
a la enseñanza oral, y, entre los de sus más ilustres
discípulos, figuran nombres como los de Domingo
Soto, los dos Covarrubias, Melchor Cano, Pedro
Soto y Tomás Mercado, famosos en los campos del
Derecho y de la Teología. Teniendo en cuenta esa
influencia, y los elogios que sus contemporáneos y
sucesores hacen de su doctrina, nada de injustifica-
da tiene la afirmación del P. Fernández, en un prin-
cipio referida: «que las buenas letras y disciplina


PRÓLOGO


escolástica de que hoy goza España, se debe al
Maestro Fray Francisco de Vitoria». '

Pero lo que principalmente ha hecho resurgir la
fama del teólogo alavés en el siglo XIX, han sido
sus opiniones en materia de Filosofía del Derecho,
y en especial por lo que respecta al Derecho Inter-
nacional (1). Y es que la Teología, en la España del
siglo XVI, tenía un valor muy distinto del que aho-
ra ostenta. Actualmente, el teólogo es un especialis-
ta en su materia, y nada más que un especialista;
en el siglo XVI, y aun durante parte del XVII, Espa-
ña era, en esencia, una nación de teólogos. El De-
recho, la Poesía, el Teatro, todas las manifestacio-
nes de la cultura, eran entonces como ramas, hojas
o flores, según los casos, del robusto árbol de la
Teología. Era ésta, como escribe Menéndez y Pela-
yo, a modo de «ciencia universal, que abarcaba
desde los atributos divinos hasta las últimas ramifi-
caciones del Derecho público y privado». Las cues-
tiones jurídicas mostraban el aspecto de casos de
conciencia, y en los escritos teológicos es donde ha
de buscarse el material de doctrinas que más inte-
resa a la historia de la Filosofía del Derecho.

Ya Mackintosh, en la Revísta de Edimburgo
(1816), sostuvo que los «orígenes del Derecho Na^
tural, del Derecho público y del Derecho Interna-
cional, deben buscarse en la filosofía escolástica, y,
sobre todo, en los filósofos españoles del siglo XVI,
que estaban animados de un espíritu mucho más
independiente que los antiguos escolásticos, merced
a los progresos que el Renacimiento había traído a
nuestras Escuelas». Después, Wheaton, al historiar

(1) Vid. A. Bonilla: «El Delito Colectivo; Estoicismo y
Libertad; El Derecho Internacional positivo»', Madrid, Real
Academia de Ciencias Morales y Políticas, 1916; páginas 131
y siguientes.



PRÓLOGO


los progresos del Derecho de gentes en Europa y
en América (1846), extracta las Refecticnes 5A y 6.^
de Vitoria y el tratado De iiire belli de. Baltasar de
Avala. Luego, A. de Georgi (1876), en su libro
sobre Alberico Gentili, afirma que Vitoria, anterior
a Grocio, es «el verdadero padre de la ciencia del
Derecho Iníernadonai»; y Rivier, Eriiest N}’s, en
MI erudito libro Les Origines dii Droit internatio-
nal (Harlem, 1894); Albertini, en su monografía
L ’OeiLvre de Francisco de Vitoria, y los redactores
del importante libro Les fondateiirs dii Droit in-
iernational, publicado en 1904, acrecientan los elo-
gios y el conocimiento de la obra de Vitoria, acer-
ca de la cual apenas existen otros trabajos en nues-
tra patria que el discurso de ingreso de D. Eduardo
de Hinojosa en la Real A.cademia de la Historia
(con ia excelente contestación del gran restaurador
de nuestras glorias, Marcelino Menéndez y Pelayo)
y el citado estudio bio-bibliográfico del P. Getino.

Pero ya antes del siglo XIX se habían percatado
los investigadores de la importancia científica de
Vitoria: ábrase la Nova de Nicolás Antonio, y allí
se verán citas de extranjeros como Vaseo, como
Possevino, como Conringio y como Morhoí (el cé-
lebre autor del Polyhistor) en alabanza de nuestro
dominico. Y a tales testimonios debe agregarse el del
insigne Jacobo Brucker, autor de la primera Histo-
íoria critica de la Filosofía, el cual, en el penúlti-
mo volumen (1743) de su ingente obra, tratando
de Francisco de Vitoria, escribe lo siguiente: «Com-
puso libros acerca de la Potestad civil y eclesiástica,
y otras obras elogiadas por Antonio, Morhof, Ló-
pez y otros. En estos sus escritos, al exponer los
preceptos del Derecho de gentes, parece haber
errado menos que los demás, y no falta quien sos-
pecha que Grocio los utilizó, aunque raras veces le


PRÓLOGO


menciona. No niega esto el docto varón que nos
dio las Vindicias Gracianas, el cual dice del libro
de las Releccíones de Vitoria, en las que tocó aquel
punto, que puede ser de gran provecho, tanto para
los teólogos, como para los jurisconsultos, porque
de tal suerte disertó con cuidado y agudeza acerca
de los problemas morales, que no es posible leerlo
sin admiración (ut sine admiratione iegi non pos-
sit).»

Entre los modernos, merecen especial mención
las palabras del citado Nys, muy significativas por
proceder de un escritor contemporáneo, especialis-
ta en historia del Derecho internacional, y cuyo li-
bro lleva fecha de 1894: “Vagas nociones — dice —
sobre el conjunto de la materia parecen bastar a los
escritores de los dos siglos siguientes (xiv y XV),
que se ocupan, sin embargo, con marcado interés
de puntos especiales, como el Derecho de la guerra
y sus diversas instituciones, y como el Derecho de
legación. En el siglo XVI, autores protestantes, con
Juan Oldendorp a la cabeza, investigan el Derecho
natural. Pero tampoco ellos tienen idea exacta de!
Derecho internacional. Es un español quien lo de-
fine: Francisco de Vitoria. „ Este “tiene la visión cla-
ra y distinta de la interdependencia de los Estados,
de sus derechos y de sus deberes recíprocos. El
punto es importante. Se reduce, en efecto, a saber
si en el Derecho de gentes nos encontramos ante
una obligación jurídica o bien ante un simple de-
talle de etiqueta o de cortesía internacional. Res-
ponder, como lo hacía el profesor de Salamanca,
era resolver de antemano una discusión que debía
seguir preocupando a los publicistas. Alberico Gen-
tili, cuyos méritos son considerables, carece aquí de
claridad y de precisión... A Francisco Suárez co-
rresponde el honor de haber expuesto ideas entera-



PRÓLOGO


mente definidas respecto de la existencia de reglas
jurídicas que obligan a las naciones... Las lecciones
De Indis y De lure belli Hispanomm in barbaros
son verdaderas obras maestras de método y de cien-
cia (sont de véritables chefs-d' oeuvi e de méthode et
de Science). Un escritor inglés comparó un día los
grandes trabajos de Suárez con las bellas creaciones
arquitectónicas de los árabes; aquí nos encontramos
también delante de un verdadero monumento, don-
de no se sabe qué admirar más: la solidez de la
obra o la elegancia con que ha sido ejecutada. Le-
yendo estas páginas, que exhalan amor a la huma-
nidad, en las que se muestra un espíritu verdadera-
mente independiente, donde cada línea denota un
conocimiento profundo de los autores, lamenta uno
que Francisco de Vitoria y sus ilustres discípulos no
hayan ejercido mayor influencia en la ciencia del
Derecho de gentes.,,

La primera de las dos relecciones De Indis, se re-
fiere al recién descubierto continente americano y
a las facultades de los poderes públicos españoles
respecto de las personas y bienes de los indígenas.
La segunda (De iure belli), de mayor interés para
nuestro objeto, aparece como segunda parte de la
anterior, y trata “de las justas causas de la guerra
Fué escrita, según los biógrafos, el ano 1539, casi
un siglo antes que el tratado De iure belli ac pa-
cis de Hugo Grocio, publicado, como es sabido,
en 1625. Conocía Grocio muy bien a Vitoria, y con
su perspicaz espíritu crítico había logrado descu-
brir su mérito. Sólo una vez, sin embargo, le cita
en el cuerpo del tratado De iure belli, en el libro I,
capítulo III, número IV. Vitoria había sostenido que
cualquier ciudadano particular podía emprender la
guerra defensiva contra un Estado extranjero. Gro-
cio, menos liberal que el fraile español, rechaza por


PRÓLOGO


atrevido su parecer. Pero si Grocio menciona poco
a Vitoria, cita con más frecuencia a su discípulo
Diego de Covarrubias, y más aún a Fernando Váz-
quez; y Samuel Pufendorf, que fué el primero en
explicar públicamente la obra de Grocio en una
Universidad alemana, y cuyo celebrado libro De
iarenatiirae et gentiam salió a luz en 1672, habla
dos veces, por lo menos, de nuestro Vitoria en este
tratado.

No es lícito desconocer la excepcional importan-
cia del libro y de la personalidad de Grocio (1583-
1645) en la historia de la ciencia; pero tampoco
debe pasarse én silencio que el plan, la sistemati-
zación general, son fundamentalmente idénticos en
Grocio y en Vitoria. Cierto que el tratado De ture
belli ac pacis es extraordinariamente más extenso
que la relección De iure belli; pero esto de la ex-
tensión no puede constituir argumento suficiente
para arrebatar a Vitoria la paternidad ni la impor-
tancia de su doctrina. Pequeños son los diálogos
platónicos, y nadie negará su excepcional transcen-
dencia en la historia de la Filosofía. La importan-
cia de Vitoria estriba en haber trazado las líneas ge-
neales de un tratado de la guerra y de la paz; en
haber sistematizado ese estudio (porque, antes de
él, no existía semejante sistematización); en haber
formulado un concepto del Derecho de gentes per-
fectamente en armonía con el estado actual de esta
ciencia; en haber expuesto un criterio tan razona-
do, que ni siquiera los sucesos de nuestros días pue-
den quebrantarlo, como quebrantan hasta sus ci-
mientos aquella idea grociana de un Derecho inter-
nacional positivo...

*

* *

Sorprende, al pasar la vista por las Relecciones^



PRÓLOGO


la amenidad de su estilo, la elegancia de su elocu-
ción, esmaltada con discretos recuerdos de los poe-
tas clásicos y con alusiones a sucesos contemporá-
neos, y admira, asimismo, el atrevimiento de algu-
nas de las ideas allí expuestas. Véase, por ejemplo,
lo que afima en la relección De Matrimonio acer-
ca de las facultades de la potestad civil, y se com-
prenderá bien el carácter a que nos referimos.

Creo, pues, en vista de tales méritos, que la elec-
ción de Francisco de Vitoria para inaugurar esta
“Biblioteca de vulgarización de la ciencia españo-
la,, tendrá favorable acogida entre el público culto,
y que merece entusiasta aplauso el Sr. Torrubiano
por la erudición, el buen gusto y la exactitud con
que ha sabido desempeñar su difícil tarea. Poner en
lengua castellana las principales producciones de
nuestros grandes pensadores, no sólo servirá para
contribuir al progreso general del espíritu, sino para
remediar de algún modo la insipiente petulancia
con que todavía hay quien sostiene, por entender
que con la negativa queda exento de todo trabajo
de prueba, que nadie ha sabido pensar hondo en
Elspaña hasta que hemos perdido las colonias.

Madrid, Marzo de 1916.


A. Bonilla y San Martín.

Top.

giovedì 25 gennaio 2018

Corso Spagnolo di Economía: por Adolfo Buylla y Alegre, Homepage.

xxxxx
ECONOMÍA
por
Adolfo Buylla y Alegre
Catedratico de la Universid de Oviedo
Barcelona
Jan Gili, Librero
223, Calle de Cortes, 223
Manuales Enciclopédicos Gili
Serie Jurídico-social
Economía
Esercizio: trascrizione del testo spagnolo.



Homepage




Corso spagnolo di Economia: Introducción: 1. Sinonimia de la Economía.

B. Home. Successivo.
1. Sinonimia de la Economía. – Desde Montchrestien (1615), Verri (1763), J. Stuart (1767) y Dupont de Nemours (1768), se viene usando el nombre de Economía para designar el orden de la vida humana de que después hablaremos. No es, sin embargo, perfecta la unamidad de los publicistas. No sólo se le han añadido los calificativos de politica, social, del pueblo, nacional, sino que también se han adoptado otros radicalmente diferentes, tales como crematística, plutología, cataláctica, crisología, ponología, tecnomía ó tecnología, y algunos tan pretenciosos cuales los de ciencia del trabajo, metafísica de la actividad, filosofía del interés personal. Por lo que se verá más adelante, aceptamos el dictado de Economía, no tanto por adaptamos al lenguaje generalmente admitido, que seria lo de menos – una vez que erigido esto en regla permanente de conducta equivaldría á la cristalización del tecnicismo, – como porque le consideramos la más fiel expresión de la idea que se trata de representar, según veremos á seguida; por supuesto, empleado aquel sustantivo sin los adjetivos que determinan ó limitan su significación, como el de política, nacional, social, etc., que reducirían la esfera de la Economía al Estado, á la sociedad, al pueblo: cuando, ante todo, es Economía.